¿Por qué una simulación en un programa?

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Ganar puntos, dentro de un programa de motivación y/o incentivos, es atractivo, pero no puede convertirse en algo sistemático y aburrido. Los puntos deben entrar dentro del plan estratégico del programa, dejar de lado la parte táctica y utilizarse como una estrategia a medio plazo.

La puntuación que se obtiene, es la antesala de la recompensa y el reconocimiento por un esfuerzo realizado. Si se otorgan puntos de forma rutinaria y sin medir el esfuerzo exigido según la fase en la que se encuentre el participante, éste entrará en un bucle rutinario, que le irá alejando de la senda proactiva que buscamos. Con el tiempo, nuestro programa se habrá convertido en un “commodity”, que no generará el efecto buscado.

Para evitar esta situación, debemos incorporar en la fase de planificación una simulación del programa, partiendo del plan estratégico y los objetivos a conseguir a corto y medio plazo. Trabajar un escenario futuro del programa, según una proyección estimada de actividad de los participantes, no es una tarea sencilla. Pero si fundamental, que realizada con detalle y sentido común nos aportará muchos beneficios como:

  • Interiorizar y afinar uno de los factores clave; la relación entre el esfuerzo exigido y la recompensa.
  • Ajustar los puntos y las recompensas según prioridades de negocio.
  • Descubrir posibles canibalizaciones entre las acciones (esfuerzos) puntuables solicitadas a los participantes.
  • Adelantar posibles errores.
  • Proyectar inversiones factibles.
  • Plantear aceleradores para mantener la proactividad.
  • Proyectar las acciones puntuables.
  • Estipular el uso de los puntos conseguidos (catálogo de recompensas, ranking, regalo aspiracional, etc)
  • Concretar timings de acciones y/o campañas.
  • Desarrollar categorías, equipos o grupos, si fuese necesario. Como forma de garantizar la igualdad de condiciones entre participantes.

Igual que un plan de marketing o de negocio es un trabajo de visión y organización, que nos ofrece la oportunidad de planificar y revisar las acciones futuras a través de un ejercicio intelectual. Una simulación de un programa de motivación o fidelización, nos sirve para estructurarlo estratégica y tácticamente, asegurándonos unas calidades y resultados mínimos, que reduzcan la incertidumbre inicial. No obstante, debemos de ser conscientes que, como ocurre con toda planificación, habrá que ir afinándola a medida que se desarrolla.

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